San Raimundo de Peñafort: amigo y consejero de Jaime I
[JOSEP M. MAS SOLENCH, Ramon de Penyafort i el Consell de Cent; 750 aniversario de los privilegios otorgados por Jaime I a la ciudad de Barcelona, 1249-1999. Saló de Cent, 21 de febrero de 2002.]
Uno de los aspectos importantes de la vida de fray Raimundo de Peñafort es el de sus relaciones con Jaime I el Conquistador. Cuando este rey, todavía preadolescente, iniciaba el gobierno del país, fray Raimundo de Peñafort estaba ejerciendo de profesor de Derecho en la Università degli Studi de Bolonia, en unos momentos de renovación de la ciencia jurídica. Poco después de su retorno fue cuando Raimundo de Peñafort entró en la orden de predicadores y, en ocasión de la nombrada visita del legado pontificio cardenal de Sabina, el soberano y el fraile, iniciaron una buena relación de amistad, que, a pesar de ciertas discrepancias, perduró hasta la muerte.
Durante el reinado de Jaime I se estableció definitivamente la primera legislación catalana y no sabemos hasta que punto el de Peñafort asesoró al monarca en este aspecto. Seguir la línea de las actividades de nuestro jurista, a veces no es nada fácil. Su intervención era de asesoramiento y consejo y, por esto, la signatura en los documentos que producía estaba reservada a las autoridades a las cuales servía y la suya no figuraba, motivo por el que se hace difícil discernir concretamente hasta dónde llegaba su acción. A pesar de eso, consta su fidelidad en la orientación jurídica que prestó al monarca en los momentos delicados en los que el consejo le era necesario.
Uno de los asuntos en que intervino en ocasión de la visita del cardenal Sabino, en el año 1229, fue la complicada sentencia de la anulación del matrimonio del rey con Eleonor de Castilla por un vicio de parentesco en cuarto grado. La dificultad sobre todo surgía por Alfonso, el hijo, que los aragoneses habían jurado ya como heredero del reino. La intervención de fray Raimundo en esta resolución queda constatada por la signatura que figuraba de él en la sentencia: Frater Raimundus Penitentiarius Domini Legati. Otra dificultad se presentó a consecuencia del casamiento del rei con Violant, hija del rei de Hungría, que comportó varios testamentos, debido a la situación familiar en que se encontraba el monarca, con un hijo de un matrimonio anulado y unos hijos legítimos de un segundo matrimonio válido. Fray Raimundo intervino en cuanto le llamaron y todavía orientó al infante Pedro en la protesta formulada para salvar las donaciones del rei como consecuencia de su liberalidad, fruto de ciertas relaciones extra matrimoniales, así como en el casamiento de Pere con Constancia de Sicília, para vencer los recelos de la Curia apostólica. Las intervenciones del fraile pretendían conseguir la harmonía de la família real y evitar la disgregación del territorio.
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Otros asuntos importantes vincularon los dos personajes: el papa Gregorio IX delegó en fray Raimundo de Peñafort la absolución del rey Jaime I de la excomunión en que había incurrido, mientras le confiaba la predicación por las tierras de Narbona y Arles a favor de la conquista de Mallorca por el Conquistador. El rey quería tener al fraile cerca en asuntos importantes y por eso le invitó a asistir a las Cortes Generales de Monzón de 1236 en las cuales se acordó la conquista de Mallorca. Además se tomaron medidas que aseguraran la paz del reino y se adoptaron garantías para afianzar la estabilidad de la moneda jaquesa. El afecto de fray Raimundo de Peñafort hacia Jaime I se pone de manifiesto en la letra que le tramita mediante su compañero y jurista Pere Albert, y que no nos es posible transcribir aquí en su totalidad. En ella, le dice: "Estuve, estoy y estaré siempre dispuesto, con la ayuda del Señor, a procurar, según mis posibilidades y la gracia, a resolver todo aquello que entienda que conviene a vuestro honor según Dios y a la honestidad de nuestro orden".

Para perseguir la herejía cátara en el sur de Francia, el legado cardenal de Sant-Angelo había promulgado un pequeño código para su represión, el cual, aprobado por Gregorio X el 7 de febrero de 1235, fue promulgado en Cataluña por Jaime I. En el nombrado código se establecían las normas sancionadoras y la manera como tenían que ser tratados los herejes. Nadie podía ser condenado por el poder civil si antes no le declaraban culpable el obispo o el juez eclesiástico para evitar que personas inocentes fuesen víctimas de calumnia. El ideario de fray Raimundo sobre la Inquisición pretendía conseguir la conversión de los disidentes con tolerancia y comprensión. Por eso se inclinó a desarrollar las misiones que impulsó durante los años que ejerció de general del orden. Este impulso contribuyó a incrementar las buenas relaciones del monarca con el sultán de Túnez.
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